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Venezuela ahora
El dato más importante en el referendum venezolano es el de la abstención: la mitad del país (44 por ciento) pide más cautela y no acepta el antichavismo de la derecha ni el impreciso socialismo que Chávez quiere imponer desde las instituciones y a tambos batiente con un proyecto de Constitución que, junto a importantes propuestas sociales, presentaba peligrosos puntos oscuros. La otra mitad se divide también por mitades. Pero ese hecho demuestra fehacientemente que ni el gobierno es una “tiranía” como vocifera la oposición de derecha, ya que aquél tiene un enorme apoyo popular y aceptó el veredicto de las urnas, ni la opción era “votar a Bush” o “votar a Venezuela” ya que muchos de quienes votaron por el NO son antiimperialistas e incluso chavistas, al igual que otros que votaron nulo, ya que criticaban el proyecto presidencial y el verticalismo de toda la propuesta. Tampoco es verdad que el 49 por ciento (los partidarios del SI) hayan “votado por el socialismo”, como dice Chávez aunque sí, evidentemente, lo hicieron contra el imperialismo y el gran capital.
El chavismo perdió tres millones de votos con respecto a la elección anterior, pero la derecha sólo ganó 300 mil y el sector de los abstenidos alberga una masa enorme de chavistas críticos, de gente que apoya al gobierno pero no acepta ni se maniobrada ni cada una de las consignas oficiales. La relación de fuerzas física no ha cambiado, aunque el resultado del referendum haya cambiado profundamente la relación de fuerzas política y moral entre las clases en lucha, al dar nuevo ánimo a la derecha y al imperialismo y al provocar tensiones y divisiones en el sector gubernamental.
Se demostró una vez más que el socialismo no se decreta desde el gobierno y que para que exista deben haber previamente socialistas. El verticalismo chavista (Chávez gobernará hasta el 2012 pero declaró estar dispuesto a hacerlo hasta el 2050), la construcción del Partido Socialista desde el poder, como masa de apoyo y de maniobra y no como instrumento de autoorganización de los oprimidos, que adhieren al mismo antes de que tenga programa o estatutos, la decisión de cambiar la Constitución no mediante una Constituyente sino mediante una propuesta presidencial, el reforzamiento de los poderes de las isntituciones centrales, alejaron del SI a la mayoría del pueblo, que apoya las medidas progresistas del chavismo pero no quiere un “socialismo” que descansa en los militares y que les llueve desde arriba. La abstención demostró también que una vasta masa no quiere ir a la guerra civil y, por eso, no apoyó el SI (cuya victoria hubiera llevado a la derecha al terreno golpista) y no apoyó al NO (porque no quiere debilitar al gobierno). Entre el socialismo y Bush están también los antiimperialistas que quieren mejorar su vida dentro de una democracia formal y dentro de una economía de mercado; no podría ser de otro modo dada la historia de Venezuela y la formación política de su pueblo y, además, dada la confusión y prisa con las que el gobierno presenta su proyecto “socialista”.
Chávez conserva, además de un gran apoyo popular, la presidencia y el control total de la Asamblea Legislativa y no tendrá problemas técnicos para gobernar. Pero en sus filas, como en la oposición, se desarrollarán los sectores que buscarán “la reconciliación” proponiendo una política más lenta y menos audaz de reformas por parte del gobierno y, del lado de la oposición, de declaraciones menos racistas y más teñidas de reformismo social. El general Baduel, bisagra entre la oposición e importantes sectores institucionales de las fuerzas armadas, cobrará nuevo peso en la primera y no perderá su audiencia en las segundas, lo cual podría crear tensiones dentro del chavismo.
Hay que destacar que, a pesar de su indudable apoyo popular y obrero, las bases sindicales y políticas del chavismo –y en particular los batallones y los afiliados al PSUV creado por Chávez- no han aparecido ni reaccionado en forma independiente, con asambleas, mitines, manifestaciones locales, declaraciones y organización de poder local. El verticalismo y el paternalismo implícitos en la dependencia política de un Líder paralizan así la única fuerza social capaz de luchar por una alternativa al capitalismo en Venezuela. ¿Por cuánto tiempo?


